Erasmus Roma 09/10 quedamos muy pocos por tierras italianas y junto a dos grandes amigas me fui de viaje a Viterbo, Siena y Monte Argentario en un Fiat 500, para poder sentir el espíritu italiano.
Viterbo es un pueblo del que el dato que más recordamos es que tiene alrededor de 60.000 habitantes. Pues bien, allí pasamos la primera y fresca noche, en el JazzUp. Por fin tocaba hacer algo cultural, en una iglesia, bueno en los restos que de ella quedaban estuvimos en un festival de Jazz. He de decir que aunque se me hizo un poco largo, me gustó.
Cuando ya pensábamos los tres que nos íbamos a dormir hicimos una parada de turismo nocturno, visitando los mismos sitios que a la mañana siguiente antes de irnos a Siena. Esa mañana nos hicimos el book fotográfico del viaje.
Después de algunas horas de carretera, no puedo terminar de escribir sin mencionar los paisajes de la Toscana, esos pequeños montes en los que justo encima está una gran casa, a medida que vas avanzando más te gusta la siguiente, son increíbles. Creo que eso es la consecuencia de que el agroturismo en esta zona se haya puesto muy de moda.
Una vez que llegamos a Siena visitamos la piazza del Campo, es una pasada, la forma en la que está construida justo delante del ayuntamiento, que emerge con su gran torre. En la plaza llama mucho la atención ver como la gente está en el suelo, niños, jóvenes y mayores. También hay que resaltar su catedral, un intento de parecer la de Florencia, pero aunque no lo mismo también con algo especial, sobre todo el frontón de la catedral.
Cada uno de sus barrios del centro está decorado por los colores de su bandera, con mucho significado en la carrera de caballos que tiene lugar cada año por el centro de la localidad. La cena en Siena fue exquisita, una especie de lasaña de berenjena buenísima.
Lo peor del viaje... tener que esperar el autobús de regreso a casa, en un fin de semana de risas, baños, cánticos y andar, mucho andar.



1 comentarios:
ayyyssss, qué envidia!!
Marina
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